Los niños no se “pierden” afuera, sino dentro del hogar.

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Los hijos no se “pierden” en la calle, la pérdida se inicia en el propio hogar con padres ausentes, y siempre ocupados, provocando que  los peques generen un cúmulo de necesidades no atendidas y frustraciones no gestionadas, creando un adolescente desarraigado tras una infancia de desapegos y de un amor que nunca supo educar, orientar, ayudar.Claro que siempre habrá excepciones.  Siempre hay hechos puntuales que se escapan de esa dinámica. Pero en esta entrada hablaremos acerca de la mayoría de los casos

Generalmenre, por dificil de creer los padres no siempre terminan de aceptar este tipo de responsabilidad, cuando un niño evidencia conductas agresivas en su escuela o lugares en donde se desarrolla, y se toma contacto con los padres, por lo general la familia culpabiliza al sistema, a la propia escuela y a la comunidad dentro de esta por “no saber educar” y por no intuir necesidades y aplicar estrategias adecuadas.

Es cierto que en lo que se refiere a la educación de un niño todos somos agentes activos (escuela, medios de comunicación, sociedad en general…), pero es la familia la que hará germinar en el cerebro infantil el concepto de respeto, la raíz de la autoestima o la chispa de la empatía.

Muestra de lo que se quejan muchos terapeutas, orientadores escolares y pedagogos es del carente apoyo familiar que se encuentran al momento de realizar intervención son los niños o adolescentes problemáticos o con problemas emocionales o de aprendizaje.

Cuando no hay una cooperación verdadera o inclusive cuando un papá o una mamá desautoriza o al profesional, lo que conseguirá es que el niño,  continúe perdido.  Ese adolescente se verá con más potencia para continuar desafiando y buscará en la calle lo que no encuentra en casa o lo que el propio sistema educativo tampoco ha podido brindarle.

Hay niños y adolescentes difíciles y demandantes que gustan portarse como auténticos tiranos, incapaces de asumir responsabilidades, y que adoran sobrepasar los límites que otros les imponen, todos conocemos más de un caso, no obstante debemos estar consciente de que eso no es algo nuevo y sobre todo darnos cuenta de que esto no lo ocasiona Internet, ni los videojuegos ni un sistema educativo permisivo, nosotros mismo como padres lo hacemos.

Los niños evidencian las mismas necesidades y conductas de siempre contextualizadas en nuevos tiempos.

  • Lo primero que debemos hacer es no patologizar la infancia ni la adolescencia.
  • Lo segundo, es ocupar la responsabilidad que nos toca a cada uno como agentes sociales.
  • Lo tercero es comprender que los niños son el futuro de la Tierra, pero antes que nada, son hijos de sus padres.

Los nutrientes para una virtuosa educación

Cuando un maestro se reúne con una madre o a un padre para comentarles de la mala conducta de su hijo, lo inicial que siente la familia es que se está poniendo en tela de juicio el amor y cuidado que se tiene por el niño. No es real. Lo que pasa, es que a veces ese afecto, se proyecta de forma errónea.

  • Amar a un hijo no es cumplir con todos sus caprichos, quitarle las fronteras o evitar decirle “no”. El amor genuino es el que guía, el que inicia desde que el niño empieza a tener conciencia.
  •  El niño demandante no detiene sus conductas con un grito o con dos horas de soledad en la propia habitación. Lo que exige, necesita y agradece es ser atendido con palabras, con nuevos estímulos, con ejemplos y con respuestas a cada una de sus ávidas preguntas.

Debemos tomar comprender de que aunque en esta época donde muchas mamás y papás están obligados a cumplir jornadas de trabajo arduas, que complican el balance con el tiempo y relación familiar, lo que importa no es el tiempo real que compartamos con los hijos. Lo que importa es la Calidad de ese tiempo.

Los padres que saben intuir las necesidades y emociones, que están presentes para guiarorientar y  favorecer intereses, sueños e ilusiones, son los que dejan huella y también raíces en sus hijos, evitando así que esos niños salgan a la calle en búsqueda de ellos.

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